

Soy Raquel Viejobueno Rodríguez, escritora, editora y directora de Un Café con Literatos.
Todo esto comenzó siendo una aventura dentro de un sueño desnudo, que poco a poco, comenzó a vestirse de manera magistral.
Les invito a sentarse en este sillón de la vida, donde con el aroma de un buen café, y el tacto de un magnífico libro, nunca podremos sentir la soledad. Lo que comenzó siendo un pequeño boceto, se ha convertido en un cuadro con pinceladas pluralistas que rasgan la mirada y empapan el corazón.
Nuestro primer Café se fechó el 17 de diciembre de 2009, y mes tras mes, hemos ido observando que la ramificación es mayor.
Dejemos a las letras danzar a su antojo, mientras desde ese sillón sorbemos instantes de palabras y nos peinamos con historias que hacen de este escenario de vida más bello.
Les invito a entrar, posiblemente no salgan siendo los mismos, o acompañados de cualquier personaje de nuestras historias o convertidos en versos de un poema.
Un Café con Literatos les brinda esa posibilidad.
Subida en una nube quisieron arrebatarme su esencia. Cauta, pensativa me rocié con ella. Entre los lunares de mi piel guardé la fragancia ...
Me hice piedra para decir adiós, arrastré los sacos de pesadillas, marrones agonías dispersas. Las aceras llenas de cadáveres, el mundo se iba el suelo yacía húmedo entre los arreboles de locura ...
Seré imperfecta, difícil de ver, sin belleza, posiblemente enana y redonda, pero ...
Memoria que burla paisajes, ternura bañándose en la soledad del rocío. Quise ser Dios sólo llegué a alfarero ... Esculpí durante años aquel amor en barro: conservé la humedad en el aire ...
Yo sólo quise tener palabra, me robaron la intención. Nací como muchos otros pero hubo un error: fui mujer ...
Ya duermes solo. Allí donde nadie vuelve. Ya no escucho tu nombre. Allí donde nadie puede nombrarlo. Siempre quise saber como sería la primera noche. Silencio. La muerte es silencio. Oscuridad. La muerte es oscuridad ...
Me dijeron que escribiera sobre mi primer amor. Yo no tuve primer amor, ni segundo, ni tercero. Yo tuve un amor que me vacío por dentro y me dejó hueca. Tuve un amor que me hundió en las pesadillas más oscuras del miedo, y me desnudó sin yo quererlo en las aguas de la perdición ...
Si mis letras fueran pequeñas, las haría más grandes para que vieras que la vida continúa al compás de mi texto. Tengo ganas de amarte y me lo trago para no hacerte daño. Tengo ganas de abandonarlo todo y dejarlo secar entre las lágrimas que nunca me ves ...
Si no supiera que puedo morir no escribiría ninguna línea. España llora y con ella mis ánimos se dejan caer en el suelo. En un suelo que parece sucio y pobre. Está rojo. Todo parece tener un precio y mi vida es barata. Hace calor. Todos duermen, o por lo menos eso parece. Mis miedos me ahogan la garganta y me dejan sin saliva ...
Quiero un mundo sin tiempo, donde el espacio se confunda. No quiero prisas, ni llantos, ni gritos ...
Duele y rasga, te chasca por dentro, y en un sinfín de formas se presenta soberbio y descarado. Los vientos fríos rasgan mi piel y el llanto brota, hace que las miserias sean más reales. No soy nada, el agua brota de mis manos vacías y cae al suelo corriendo a esconderse ...
Mire detrás de la ventana y la lluvia caía lentamente. Era una tarde de otoño y el aire sabía a sal. El mar estaba calmado y las barcas pequeñas sólo se movían por alguna ráfaga de viento. Había poca gente en la calle, y las enormes palmeras de Vigo esta vez se sentían solitarias, tristes y pesadas. Pero allí estaban dando un color diferente a la ciudad ...
